¿Hemos despertado del sueño americano?


Cuando el país pesa más que el producto: el nuevo lastre de las marcas americanas

Este contexto geopolítico tan revuelto que estamos viviendo no es ajeno al mundo del branding, ya que, si las personas tienen “Personal branding”, los países tienen “Nation Branding”. El Nation branding no es otra cosa que el valor intangible de la reputación e imagen de un país, y es realmente importante. La marca país puede afectar a cuestiones como la inversión extranjera, el turismo o la imagen de las marcas de ese territorio, que se pueden ver repercutidas por contagio.

Evidentemente una marca país está influenciada por muchos factores, pero sin duda uno de los más relevantes es el gobierno en activo. Por eso hoy vamos a hablar de los cambios sufridos por la marca de los Estados Unidos desde la llegada de Trump a la Casa Blanca.

El cambio, como podréis suponer, es radical. Desde la guerra fría, allá por 1947, el país se posicionó como un líder defensor de Occidente, abanderando valores como la libertad, el progreso, la modernidad, el desarrollo… En contraste con otros territorios como Europa, asediada por los conflictos, o China y Rusia, ejemplos de autoritarismos y falta de libertades individuales.

Esta imagen, acompañada de una política exterior expansiva, le trajo un buen número de acuerdos con otras regiones como Europa, Japón, Marruecos… impactando fuertemente el ideario y el imaginario social de muchos de estos países. Relacionarse con Estados Unidos era algo positivo y el discurso pro-estadounidense recibía muchas simpatías de parte del general de la población debido a la marca país que habían construido.

Situación de la que muchas grandes marcas se vieron beneficiadas, facilitando su expansión internacional. Así vimos a marcas como Coca-Cola y McDonalds entrar en distintos países a velocidad de crucero debido al trabajo previo realizado por su país.  Más recientemente por ejemplo Sillicon Valley lograría encarnar los valores del emprendimiento a nivel mundial.

Pero esto ¿se ha acabado?

De mano de “America First”, el nuevo “tono”, las amenazas y las guerras comerciales derivadas de esta nueva propuesta, cada vez más personas ven a EEUU como una amenaza y todo ese imaginario construido se desmorona en nuestras mentes.

No estamos hablando de un cambio superfluo. Estamos ante un cambio profundo que ataca la base del ideario, los valores y relato de la América “aliada”.

De la misma manera que la imagen país había ayudado a las marcas empresariales americanas en un pasado, esta nueva etapa las está lastrando. Marcas como Tesla representaron en su día la máxima modernidad y visión de futuro y ahora de la mano de su CEO, proyectan idearios reaccionarios y de dudosa ética. ¿Como es posible que Elon Musk no haya valorado el impacto de su imagen personal sobre sus marcas/compañías?

Pero no es la única, marcas sin un posicionamiento tan agresivo como Coca Cola también están sufriendo boicot por parte de los consumidores en países como Dinamarca, todo derivado del nuevo posicionamiento de los Estados Unidos de América en el plano internacional.

En contraste, al otro lado del Pacífico, las marcas Chinas llevan años evolucionando su imagen y significado. Marcas como Xiaomi, Huawei, Aliexpress, Shein o Temu están viviendo una expansión internacional sin precedentes debido, en parte, al acercamiento de Xi Jinping con otros países a nivel mundial.

El modelo Chino, basado en la inversión de capital y los acuerdos comerciales, ha favorecido su posicionamiento, haciendo que la percepción de sus marcas haya cambiado con el tiempo. Lejos quedan ya aquellos tiempos en los que “Made in China” era señal de una baja calidad.

Pocas cosas han sido capaces de unir bajo la misma bandera a personas tan diferentes como el rechazo a la opresión y a la dominación que desprenden los nuevos EEUU de la ideología MAGA. Rechazo que se ha contagiado a las marcas propias del país que, sin comerlo ni beberlo, han visto su negocio internacional amenazado.

Cuando esta guerra de valores y comercial se acabe, el daño a las marcas sólo acabará de empezar. El cambio en la percepción de la marca americana por parte de los consumidores a nivel mundial ya está en marcha y costará mucho revertirlo.

La gran pregunta es ¿hay vuelta atrás para la marca país? ¿Cómo quedará todo cuando pase la tormenta?

¿Deberían las marcas patrocinar un Mundial que va en contra de sus valores?

El Mundial de Qatar pone a las marcas globales contra las cuerdas.

Patrocinar un mundial de fútbol es una oportunidad para cualquier marca. Significa tener una audiencia global de cientos de millones de personas y unir tu marca al deporte más popular del mundo.

Ahora bien, la cosa cambia cuando la sede anfitriona es un país donde no se respetan los derechos humanos y cuyos valores chocan frontalmente con los de cualquier marca global.

Y frente a esto, solo caben dos posturas: posicionarse totalmente en contra o taparse los ojos y centrarse en celebrar el fútbol. Y de ambas posiciones hay ejemplos con mayor y menor compromiso.

Quizás la marca más beligerante en este sentido ha sido BrewDog. La cervecera escocesa se ha declarado “orgullosa antipatrocinadora” del Mundial de Qatar en una serie de polémicas vallas publicitarias. Pero incluso a BrewDog se le ha tachado de hipócrita pues con esta acción, al mismo tiempo, está animando a su público a ver el Mundial de fútbol. La marca se ha defendido diciendo que todos los beneficios vinculados a esta acción irán destinados a luchar por los derechos humanos.

Y es que este mundial está siendo un verdadero test para comprobar el compromiso real de las marcas con sus valores. Porque, aunque ya hemos vivido otros mundiales polémicos en este sentido, hoy el mundo es diferente: nuestra sociedad y sus valores han evolucionado. Al igual que lo han hecho las marcas y lo que sus consumidores esperan de ellas.

Porque, más que nunca, compromiso es relevancia y coherencia es credibilidad.

¿Deben las marcas posicionarse frente a una guerra?

No se trata de castigar sino de ser consecuente con tus valores.

Para bien o para mal, las marcas no son ajenas al contexto social que les toca vivir. En este sentido, las últimas semanas hemos presenciado diferentes reacciones a la invasión rusa de Ucrania por parte de las compañías.

Desde el éxodo hasta el boicot, pasando por iniciativas solidarias para ayudar a los refugiados. Porque, por difícil que sea la situación, los consumidores de hoy esperan respuestas contundentes de las marcas que compran (solo el 16% se muestra contrario a que las marcas se involucren de una u otra manera).

Y es que en los últimos años las empresas y las marcas han demostrado tener un poder real para provocar el cambio, impactando en temas como la justicia racial, el feminismo, o la sostenibilidad. Las marcas se han convertido en una herramienta más a través de las que dar apoyo a causas y mostrar nuestra forma de pensar.

Pero de la misma forma que los consumidores usan las marcas como estandartes de valores, también las someten a un continuo escrutinio. De hecho, según el estudio ‘Marcas con conciencia social’ de Hotwire, un 53% de los consumidores ha vetado en alguna ocasión a una marca por su manera de comportarse.

En cualquier caso, por mucho que las grandes marcas sean percibidas por los consumidores como actores globales tan importantes como algunos gobiernos, su papel no es el de librar guerras.

Y es precisamente por eso por lo que no deben premiar ni castigar a nadie sino reflexionar y ser consecuentes con sus principios como marca.

¿Hay escapatoria para las marcas en Black Friday?

Frente al consumo compulsivo, concienciación y didáctica.

Esta última edición del Black Friday también ha estado marcada por la pandemia. Aunque no todos, son muchos los consumidores que, frente al retraso de los envíos y a la temida escasez de artículos, han dejado a un lado su conciencia ambiental y corrido a por descuentos que hicieran algo más liviana la factura del día de Reyes.

Por eso mismo, resulta difícil para algunas marcas no subirse al carro de este día de rebajas y promociones que año tras año rompe cifras de ventas y da el pistoletazo de salida a la campaña de Navidad.

Sin embargo, es precisamente en días como el Black Friday cuando las marcas deben ser valientes y aprovechar la oportunidad para reafirmar sus valores y posicionarse con firmeza en la mente de sus consumidores.

De hecho, cada vez son más las iniciativas que surgen en este sentido bajo denominaciones como el ‘Green Friday’, que fomenta la economía circular desde el mercado de segunda mano; el ‘Buy Nothing Day’, que llama a dejar de consumir durante 24 horas; o el ‘Giving Tuesday’, que promueve la solidaridad y la generosidad sólo un día después del ‘Cyber Monday’.

Pero, más allá de crear alternativas ‘anti Black Friday’, este movimiento trata de abogar por un consumo consciente, donde el driver no es ‘la ganga’ ni el ‘tiempo limitado’ sino el convencimiento de que es ese el producto o la marca que más encaja con las necesidades de cada cliente.

Un consumo más comedido y más justo donde aspectos como lo local, el pequeño comercio y las condiciones de los trabajadores, entre otros, entran en juego frente al exceso.

¿Por qué todas las marcas deberían ser inclusivas?

El diseño inclusivo elimina barreras y pone de verdad al consumidor en el centro de su estrategia.

Las marcas están viviendo una evolución en términos de diversidad, inclusión y feminismo, dando por fin un paso al frente y apostando por dar espacios a colectivos que antes estaban infrarrepresentados.

Vemos cómo la diversidad está más presente en la comunicación de las marcas pero también en el diseño de sus productos. Ideas que parecían nichos de mercado se abren camino afrontando necesidades que aunque siempre han estado, antes se escapaban bien por ser temas tabú bien por no encajar con los cánones de belleza y los cuerpos normativos del momento.

Una nueva perspectiva que, por ejemplo respecto a la diversidad de origen, se traduce en innovaciones de producto que van desde gorros de natación para cabello afroamericano hasta maquillaje especialmente diseñado para los tonos de piel del sur de Asia.

En la misma línea, asistimos al auge de los productos neutros y no-binarios que poco a poco van diluyendo la barrera entre géneros. Un fenómeno que alcanza no sólo a la industria de la moda sino también a otras como la cosmética, tradicionalmente restringida al público femenino.

Y es que, en un momento en el que la tendencia es la autenticidad, los consumidores esperan marcas que les apoyen tal y como son.

¿Por qué la privacidad es un valor clave para las marcas tecnológicas?

El Big Data debe ser un win win para usuario y marcas.

Descargar una app, leer un artículo… Hoy en día es difícil hacer un uso provechoso de Internet y las herramientas del entorno digital sin tener que aceptar un sinfín de consentimientos de cesión de datos.

Y aunque ya forma parte de la rutina digital, como consumidores, estamos empezando a plantearnos qué se hace con nuestros datos y qué recibimos a cambio de entregarlos.

Porque aunque las ventajas de la tecnología están claras, su uso no debería implicar la renuncia al control de nuestros datos. Deberíamos poder decidir quién rastrea nuestras búsquedas, quién conoce nuestra ubicación, quién tiene acceso a nuestras imágenes y, sobre todo, si ese intercambio de información realmente nos compensa.

En un año en el que las esferas pública y privada se han diluido como nunca, también somos más conscientes del valor de nuestra intimidad. Y las marcas lo saben.

Apple, por ejemplo, ha dado un paso al frente haciendo de su iPhone 12 un adalid de la gestión de la privacidad.

Netflix, por su parte, sigue siendo un referente en cuanto a utilización de datos en pro del usuario. Su gestión del big data y su algoritmo para predecir qué contenido recomendarnos en función del uso que hacemos de la plataforma consigue crear lazos a través una sensación de intimidad entre el usuario y la marca.

Y ahí está la clave, en utilizar nuestra información para mejorar nuestra experiencia de usuario y no sólo para vendernos nuevos productos.

Los consumidores esperamos confianza de las marcas, que se conviertan en nuestras aliadas. Algo que, en el sector tecnológico, se traduce en personalización y en una transparencia total del uso que se hace de nuestros datos. Sólo así lograremos significar algo para el usuario y destacar en un mercado saturado de opciones. Consumers expect trust from brands, that they become our allies. In the technology sector, this means personalisation and total transparency in the way our data is used. Only in this way will we be able to mean something to the user and stand out in a market saturated with options.

¿Por qué tus empleados son tus mejores embajadores de marca?

La marca, más que una herramienta de comunicación, es un marco de comportamiento.

Hoy ser más auténticos significa ser más transparentes y, para poder serlo, nuestra forma de ser y trabajar ha de coincidir con lo que comunicamos hacia fuera.

Y es que, en muchas ocasiones, se empieza a construir la percepción ‘por el tejado’ recurriendo a acciones de comunicación que no se basan en la realidad de la marca.

Las marcas poderosas se construyen de dentro hacia afuera. Por eso, trabajar el compromiso de los empleados es la base para construir una marca fuerte, además de ser un movimiento muy rentable para la empresa.

Los trabajadores comprometidos con la marca tienen un alto impacto sobre la organización, interna y externamente. Ya no es sólo que crean en la visión de la marca sino que ésta los motive y empodere de cara, no sólo a hacer mejor su trabajo y saber transmitirlo, sino a inspirarle a proponer ideas y a innovar dentro de la marca.

Y para eso, hay que empezar directamente en el proceso de selección, buscando candidatos que de entrada estén alineados con la marca. Teniendo en cuenta su formación y expertise pero, sobre todo, sus valores y motivaciones.

Un buen ejemplo de esto es Patagonia, que sólo contrata a gente a quien le guste pasar tiempo al aire libre, candidatos cuyos intereses reflejen el espíritu de la empresa. Una vez dentro los trabajadores tienen la opción de dedicar parte de su jornada laboral al voluntariado en proyectos ambientales. El resultado, una marca fuerte y coherente, con una tasa de rotación de empleados del 4%.

Los empleados son una pieza fundamental para lograr un ambiente y una cultura de trabajo en la que de verdad se respire la promesa de marca. Sólo cuando los valores y el propósito de la marca emanen desde el interior de la compañía seremos capaces de construir una historia de marca creíble.

¿Deben las marcas posicionarse políticamente?

El brand love se alcanza arriesgando.

Tras el asalto al Capitolio, algunas redes sociales han silenciado a Trump y otras muchas marcas como FedEx, Hilton, Mastercard o Microsoft, han roto lazos con el discurso del todavía presidente.

Frente a un público más activo y concienciado, y sabedor de su poder e influencia, emergen las llamadas ‘marcas activistas’ que, comprometidas con sus principios y valores como compañía, dedican tiempo y esfuerzo a luchar por las causas que consideran justas.

Si bien hay asuntos con un cierto consenso global y en los que resulta más sencillo mojarse, como la lucha contra el cambio climático o la igualdad, el asunto se complica cuando llevamos el debate a inclinaciones políticas.

La creciente polarización ideológica aumenta el deseo del consumidor de saber si las marcas que compramos están alineadas con nuestra forma de pensar y con nuestros valores. La idea de ‘votar con la cartera’ está en expansión pero, ¿hasta dónde debe llegar el compromiso político de las marcas?

¿Qué les espera a las marcas en 2021?

En un año en el que lo más buscado en Google ha sido «¿Por qué?» nos gustaría cerrar diciembre reduciendo un poco la incertidumbre de cara a 2021 (al menos en términos de branding).

Por eso, os compartimos alguna de las tendencias en las que coinciden gran parte de las principales consultoras y blogs de branding, y aprovechamos para agradecerles que estén siempre ojo avizor a lo que deparará a nuestro sector en el futuro.

El propósito seguirá siendo el faro de las marcas

Más allá del qué, el por qué existe una marca seguirá estando en el centro de la estrategia. Un propósito de marca matizado por el cómo. Estamos en un momento en el que el consumidor ha tomado consciencia del impacto que tiene su elección de consumo para la sociedad, y al que cada vez más le importan los procesos, las procedencias, los trazados, etc. Este año más que nunca, las marcas han de combinar beneficio con impacto social.

Habrá una mayor conciencia ecológica

Como las personas, las marcas cada vez son más conscientes del daño que han causado al medio ambiente nuestros excesos consumistas del pasado. Por eso, este año seguiremos acudiendo a un auge de marcas vinculadas al ‘Movimiento por el clima’ y que pretenden ayudar al consumidor a transitar hacia un estilo de vida más ético y respetuoso.

Los procesos y el backstage de las marcas serán más abiertos

Muy relacionada con los dos puntos anteriores es la tendencia de las marcas hacia la transparencia, la honestidad y la participación. Eliminar la distancia entre lo que decimos y hacemos tiene mucho que ver con utilizar códigos de comunicación más transparentes, pero también con involucrar más a nuestro público en nuestra propia estrategia de marca.

Lo experiencial será la prioridad

En un año marcado por el distanciamiento social, el componente físico y humano ha aumentado exponencialmente su valor. Dentro de lo que se pueda, iremos volviendo a los puntos de venta físicos, donde las marcas buscarán recuperar el lado más sensorial y tangible de su producto. Al mismo tiempo surgirán eventos virtuales que imiten cada vez más la experiencia presencial.

La empatía como valor central

Durante los últimos meses hemos visto cómo, pese a todo, la tecnología no ha sido suficiente para compensar las interacciones en persona. Sin embargo, las marcas que han escuchado y empatizado con nuestros problemas, haciendo lo posible para ayudarnos, han salido reforzadas. En los próximos años, las marcas se irán humanizando todavía más y se alejarán de los rígidos manuales de marca que conocemos.

¿Por qué las marcas deberían mojarse y tomar partido?

Cada vez que consumimos, votamos.

Hubo una época en la que precio, calidad, accesibilidad… eran los únicos drivers para decantarnos por una marca. Hoy en día, los valores de las compañías se convierten también en criterios de decisión. De alguna forma, “premiamos y castigamos” a las marcas en función de su comportamiento. Una tendencia todavía más acuciante entre los más jóvenes. Esto ya no va de palabras bonitas en el ‘Quiénes somos’ de la web sino que, cada vez más, exigimos a las marcas que hagan realidad esos valores que proclaman tomando partido en los asuntos importantes. No se trata de ser más valiente, o más activista, sino de estar en el mundo y ocuparse de las preocupaciones de los usuarios.

Porque, como solemos decir, las marcas son como las personas y las personas no solo creen en algo, también sienten, se posicionan, y actúan en consecuencia. O al menos así debería ser.