La era de la mediocridad creativa


La cultura de la repetición se consolida, amenazando lo diferente

Dicen los expertos que los seres humanos sentimos atracción por aquello que se repite, ya que nos hace sentir seguros y poco amenazados. Esto podría funcionar cuando éramos cazadores-recolectores y un animal nuevo amenazaba nuestra supervivencia, pero la característica que nos diferencia como sapiens del resto de especies no es otra que la creación de relatos e imaginarios, o sea, la creatividad.

De un tiempo a esta parte venimos viendo muchas muestras de que la creatividad pasa por una profunda crisis y hoy veremos algunas muestras relevantes que dan idea de este problema ya demasiado extendido.

Por comenzar en algún lado, empezaremos en nuestro propio sector. El branding viene sufriendo una homogeneización brutal con la llegada del “blanding”, haciendo que todas las marcas luzcan igual. Si combinamos esto con las “green corp” y las “purpose driven brands”, tenemos marcas que no sólo se ven igual, sino que son miméticas en sus relato y comunicaciones. Marcas  que se quedan, de nuevo, en el plano de lo común sin apuestas diferentes y creativas que activen su propósito haciendo de este otro concepto de valor que pasa a ser de «usar y tirar» en la cultura corporativa mainstream.

Pero no se queda sólo en este campo, la industria del entretenimiento ha sufrido un proceso similar. La música se basa en el uso de fórmulas y sonidos muy similares enfocados en popularizar las canciones buscando la repercusión inmediata.

Quizás el exponente más llamativo del que podemos hablar es la homogeneización de la cultura pop actual. Debido al consumo masivo de redes sociales y la dictadura de los algoritmos, se ha estandarizado el contenido que las personas consumen, lo que deja fuera del espectro a las propuestas novedosas por no encajar en lo que “está en tendencia”.

Esto afecta a las marcas a muchos niveles, tanto de negocio, como de comunicación y promoción. Muchas campañas y elementos de publicidad vienen copiados de lo que ha funcionado a otro competidor, haciendo que la diferenciación percibida entre marcas sea cada vez menor.

Es muy posible que esto venga determinado por una creciente aversión al riesgo, motivada por la creciente corporatización de las compañías y los agentes decisores. Cuando algo es ya popular, es más fácil subirse al carro que tratar de hacer algo nuevo y triunfar con ello, sobre todo porque los riesgos que se toman no son siempre claros y cuantificables.

La distanciación de las empresas frente al riesgo ha dejado el terreno de la innovación para quienes “no tienen nada que perder”. Así, surgen propuestas interesantes por caminos laterales, fuera del ámbito más mainstream o corporativo.

La escalabilidad y los modelos de suscripción son los principales impulsores de esta tendencia, ya que motivan a las marcas a apostar por lo que ya es popular apalancándose en algoritmos e inteligencia artificial en lugar de la creatividad.

¿Cuánto tiempo le queda a esta crisis? ¿llegaré el día que la sociedad  demande verdadera innovación y premien la toma de riesgos de nuevo?

¿Qué les espera a las marcas en 2025?

Frotamos la bola de cristal para ver qué viene en 2025

Dejamos atrás el 2024 y entramos de lleno en un 2025 copado de incertidumbres. Como cada año, desde Knom nos asomamos al futuro para intentar adivinar lo que viene.

Este año esperamos ver cómo las marcas acaban de posicionarse en temas polémicos por exigencia de los consumidores. Estos, a su vez, dudan de todo lo que les rodea por el auge de las fake news y la pérdida de confianza en los influencers, que son percibidos más que nunca como un producto artificial.

Quedarse solo en el propósito de marca va a perder fuerza como factor diferencial, en favor de posicionamientos y propuestas de valor sólidas, de acción, bien comunicadas. Las promesas están bien, pero los consumidores necesitan que las marcas que eligen generen un impacto real en sus vidas y respondan más y mejor a sus preocupaciones.

Las marcas serán clave para muchas personas que se sienten desconectadas de la realidad, envueltas en rutinas que las ahogan basadas en la tecnología. En este entorno, la privacidad y el buen uso de los datos personales ganarán cada vez más relevancia para usuarios y reguladores.

Seguiremos asistiendo a la creación de movimientos de masas en la cultura pop cómo han demostrado figuras como Karol G y Taylor Swift y, paralelamente, a la nostalgia de épocas que no se han vivido. Las marcas que sepan navegar estos movimientos y sumarse a ellos de manera orgánica serán las que consigan mantener su relevancia en el entorno inestable y convulso que se presenta este año.

La IA acabará de asaltar el día a día de las personas y se pondrá en valor el contenido genuino en las comunicaciones, priorizando las marcas que se relacionen de manera personal y con un toque distintivo. En un entorno de imágenes y textos artificiales, authenticity wins.

Te prometemos que este texto lo ha escrito el equipo de Knom y no una IA, ¡esperamos haberte aportado algo de valor en este inicio de 2025!

¿Qué papel juega la gestión de marca en los Juegos Olímpicos?

Gestionar una marca es mantener su esencia pero también impulsar su evolución

¿Te imaginas que enseñasen tu imagen por las calles de todo el mundo y 9 de cada 10 personas te reconocieran? Pues eso es justo lo que sucede con los anillos de los Juegos Olímpicos. 

Un ejemplo, claro como pocos, del impacto que supone ser coherente y consistente a lo largo del tiempo. Y es que este evento, a pesar de llevar a sus espaldas 128 ediciones y haber sido celebrado en 42 ciudades distintas, cuenta con un cimiento filosófico y unos valores que permanecen tan inmutables como los anillos olímpicos diseñados por Pierre de Coubertin. 

Hablamos de la búsqueda de la excelencia, del fomento de la amistad y cooperación internacional y de la promoción del respeto a los demás. Valores que guían la organización de los juegos desde la Atenas de 1896 y que junto a ciertos ritos, como la ceremonia de apertura, el encendido de la llama o el relevo de la antorcha, conforman la identidad del evento.

Y sin embargo, edición tras edición, los Juegos se transforman un poco contagiándose de la personalidad de la ciudad anfitriona que le aporta su toque cultural enriqueciendo el evento con tradiciones, música y expresiones artísticas locales. Además, cada cita olímpica se diseña la medalla y la antorcha, se da vida a una mascota propia y se crea un emblema distintivo que acompaña a los anillos olímpicos.

Tampoco podemos olvidar el rebranding del universo visual que se llevó a cabo en 2022 y que perseguía impulsar la marca olímpica hacia el futuro mediante la creación de un sistema de diseño integral que equilibra la coherencia y la flexibilidad a través de una paleta vibrante y ampliada basada en los colores olímpicos, ilustraciones inspiradoras y tipografías a medida.

Porque una buena gestión de la marca olímpica no solo debe preservar el espíritu de los Juegos sino también continuar inspirando y conectando desde el deporte a personas de todas las generaciones y culturas en todo el mundo.

¿Cómo conseguir visibilidad en la Eurocopa sin un gran presupuesto?

Conectando nuestros activos de marca con los del evento

La Eurocopa ha llegado a su fin y, en nuestra opinión, España no es la única ganadora de la competición. Porque son varias las marcas que se han colgado la medalla en términos de alcance y viralidad.

Y no hablamos de las marcas patrocinadoras sino de aquellas que, con presupuestos más limitados, han logrado llamar la atención de su audiencia bien emulando los pronósticos del Pulpo Paul, bien utilizando insights contra nuestros rivales o incluso gamificando en tiempo real el arbitraje de los partidos.

Aprovechando las palancas que le conectan con su público, huyendo del oportunismo y apostando por lo que les hace diferentes. Cada una desde su idiosincrasia pero siempre desde la coherencia y el autoconocimiento.

Porque al final, se trata de conectar el evento con los activos de cada marca: el tono divertido de Worten, el apoyo a lo nuestro en el caso de RTVE o la actitud de juego –y hack constante– de KFC.

Y es que compartir las pasiones de nuestra audiencia es, sin duda, una oportunidad para conectar con ella de forma cercana y auténtica.

¿Cómo va a afectar la IA a la industria creativa?

La Inteligencia Artificial, una oportunidad también para el branding.

El otro día llegaba a nuestra bandeja de entrada un email con un titular implacable: “El 90% del contenido online podría ser generado por Inteligencia Artificial para el año 2026”.

Una declaración que deja claro que estamos ante una nueva era y frente a la que, desde el branding, sólo cabe preguntarse de qué manera esta tecnología redefinirá el desarrollo narrativo de las marcas y cuál será su papel en la creatividad. Porque está claro que lo tendrá.

En cualquier caso, aunque a partir de ahora dediquemos nuestro tiempo de forma diferente, en KNOM creemos que el valor humano es y será indispensable en la industria creativa. Porque necesitamos de la imaginación, de la empatía y también del criterio humano.

La IA no deja de ser una herramienta más que, como en su momento hiciera la cámara de fotos, mejorará la eficiencia, acelerando procesos y ahorrando costes, y nos ayudará a plasmar gráfica y verbalmente lo que tenemos en la cabeza.

En este sentido, la implementación de la IA implicará muy probablemente una revalorización de campos, como el de la estrategia de marca o la dirección de arte, donde la toma de decisiones es un elemento crucial.

Decisiones que, al fin y al cabo, son la base para lograr marcas distintivas y relevantes para el usuario, el objetivo último del branding.

¿Qué debemos aprender de las Sharing Economy brands?

La colaboración es la puerta a la conexión.

Cada vez son más las marcas de economía colaborativa que forman parte de nuestro día a día. Hablamos de Airbnb, pero también de BlaBlaCar, de Fiverr, de Wallapop, de TooGoodToGo, o de Etsy, entre otras.

Plataformas tecnológicas que no solo facilitan el intercambio de productos y servicios, sino que además están modificando la relación usuario-marca de todos los sectores, tecnológicos y tradicionales.

Porque cuando permites que el usuario forme parte activa de la ecuación, cuando le das poder para gestionar su tiempo, su dinero y su espacio, ya no hay vuelta atrás.

Y este cambio de paradigma viene empujado por factores como la digitalización, la crisis económica, el deseo por pertenecer a una comunidad y el auge de hábitos de consumo basados en principios de sostenibilidad.

Coworking, coliving… Al final, se trata de modelos sustentados en los atributos más deseados de la sociedad contemporánea: flexibilidad y personalización, transparencia y control, colaboración y comunidad y, finalmente, experiencia y sostenibilidad. Y todo, con la mayor inmediatez posible.

Un cambio de modelo que llevado, por ejemplo, al mercado inmobiliario, se traduce en gestiones más ágiles, alquileres temporales flexibles, paquetes de servicios personalizables, actividades de ocio compartidas, integración de sistemas de domótica, materiales ecológicos y espacios sostenibles, etc.

En definitiva, la consolidación de las marcas de la Sharing Economy supone un cambio en la relación entre marcas y consumidores, a través de un modelo más horizontal y también más exigente para las organizaciones.

¿Qué les espera a las marcas en 2023?

¡Hola, 2023!

Como cada enero en KNOM, nos asomamos al futuro que viene compartiendo las tendencias y los temas que más darán que hablar este año en el sector del branding.

Porque no tenemos ninguna duda: empieza un año apasionante. Vivimos tiempos de cambio, de nuevas tecnologías y de evolución de modelos. Tiempos acelerados e inciertos pero también tiempos alentadores donde las marcas, además de significar, tienen el poder de inspirar. Con una sociedad que cada vez deposita más confianza en el poder de las empresas para transformar el mundo, ha llegado nuestro momento.

Tenemos la oportunidad de ser relevantes de verdad. Más allá de ofrecer buenos productos y servicios, nuestro propósito pasa por convertir nuestra compañía en una herramienta de cambio. Y, mientras lo hagamos bien, poco importa si lo llevamos a cabo en un entorno online o en uno offline.

De hecho, si lo piensas, este editorial lo podría haber escrito ChatGPT. Pero, ¿cambiaría algo el sentido de estas palabras?

Abrimos 2023: un año desafiante.

¿Deberían las marcas patrocinar un Mundial que va en contra de sus valores?

El Mundial de Qatar pone a las marcas globales contra las cuerdas.

Patrocinar un mundial de fútbol es una oportunidad para cualquier marca. Significa tener una audiencia global de cientos de millones de personas y unir tu marca al deporte más popular del mundo.

Ahora bien, la cosa cambia cuando la sede anfitriona es un país donde no se respetan los derechos humanos y cuyos valores chocan frontalmente con los de cualquier marca global.

Y frente a esto, solo caben dos posturas: posicionarse totalmente en contra o taparse los ojos y centrarse en celebrar el fútbol. Y de ambas posiciones hay ejemplos con mayor y menor compromiso.

Quizás la marca más beligerante en este sentido ha sido BrewDog. La cervecera escocesa se ha declarado “orgullosa antipatrocinadora” del Mundial de Qatar en una serie de polémicas vallas publicitarias. Pero incluso a BrewDog se le ha tachado de hipócrita pues con esta acción, al mismo tiempo, está animando a su público a ver el Mundial de fútbol. La marca se ha defendido diciendo que todos los beneficios vinculados a esta acción irán destinados a luchar por los derechos humanos.

Y es que este mundial está siendo un verdadero test para comprobar el compromiso real de las marcas con sus valores. Porque, aunque ya hemos vivido otros mundiales polémicos en este sentido, hoy el mundo es diferente: nuestra sociedad y sus valores han evolucionado. Al igual que lo han hecho las marcas y lo que sus consumidores esperan de ellas.

Porque, más que nunca, compromiso es relevancia y coherencia es credibilidad.

¿Por qué tu marca no debería ser tan perfecta?

Lo real conecta de manera más profunda con el consumidor

Lo perfecto ya no vende. O al menos ya no tanto. Ahora ya no sólo hay modelos publicitarios guapos, jóvenes, altos y delgados, sino que por fin hay cabida para otros tipos de belleza menos normativa y mucho más representativa. Y esto está fenomenal.

Porque hay que ser aspiracional pero también creíble. Lograr que nuestro público se sienta representado y se vea reflejado en nuestra marca es el primer paso para conectar con él.

Atrás queda esa búsqueda incesante por la perfección que daba como resultado situaciones tan absurdas como chicas que se depilan piernas sin pelos o friegasuelos que limpian superficies impecables.

Hoy el consumidor demanda realismo, verdad. Aunque eso pase por ver piernas con estrías, rostros con arrugas y hamburguesas en descomposición. Un movimiento de hiperrealismo del que Dove fue precursora con su campaña ‘Real Beauty’ y que ahora ha explotado entre las marcas que aspiran a ser percibidas como auténticas.

Porque, seamos sinceros, hay pocas cosas más humanas y que generen más empatía que la imperfección.

Un atributo que si trabajamos bien desde la comunicación y desde el propio producto, lejos de hacer la marca vulnerable, la hará mucho más sólida, cercana y creíble.

¿Es posible renovar la imagen de un club de fútbol sin quemarse?

Las marcas de fútbol son sagradas pero no eternas

Hace un par de semanas conocíamos el rebranding del Real Valladolid C.F. y, como viene siendo habitual cuando un equipo toca su emblema, el cambio volvió a incendiar las redes. Un fenómeno que ya hemos vivido con marcas como GAP, Airbnb o Pepsi pero nunca a este nivel.

¿Significa esto que la identidad en el fútbol es un grial intocable? Las marcas de los equipos de fútbol también envejecen y deben evolucionar para seguir siendo relevantes y expresar la realidad, el momento y los valores de sus clubes.

¿Acaso no ha evolucionado la equipación de los jugadores? Recordemos los mini pantalones de la época de Di Stéfano…

¿Es por tanto herejía rediseñar el escudo de un club? La identidad visual de los equipos debería poder adaptarse a los nuevos tiempos y necesidades sin tanto alboroto.

Porque no es solo la heráldica. Hemos visto desatarse la polémica en restylings sutiles (el caso del Barça) y en rebrandings más radicales (el caso de la Juventus). Ya sea por el componente emocional, el sentimiento de pertenencia o el legado histórico, los socios de un club de fútbol son fans acérrimos; brand lovers que se sienten copropietarios de la marca y para los que su club es una parte importante de su identidad. Y ahí entramos en terreno minado…

¿Se trata entonces de hacer un proceso participativo? Aunque siempre está bien contar con la opinión de aficionados, exjugadores e historiadores especializados, es imposible no herir sensibilidades. Un club reúne a personas muy diferentes para las que su equipo evoca unos recuerdos y unos significados distintos y profundos.

En definitiva, el rebranding de un club de fútbol siempre va a ser un proyecto controvertido de abordar y tan deseado como temido. Un proceso que nos brinda la oportunidad de entrar a formar parte de la vida de miles de personas pero que también nos pone en el foco de todas las miradas… Suerte a los siguientes 😉