¿Deben las marcas posicionarse políticamente?

El brand love se alcanza arriesgando.

Tras el asalto al Capitolio, algunas redes sociales han silenciado a Trump y otras muchas marcas como FedEx, Hilton, Mastercard o Microsoft, han roto lazos con el discurso del todavía presidente.

Frente a un público más activo y concienciado, y sabedor de su poder e influencia, emergen las llamadas ‘marcas activistas’ que, comprometidas con sus principios y valores como compañía, dedican tiempo y esfuerzo a luchar por las causas que consideran justas.

Si bien hay asuntos con un cierto consenso global y en los que resulta más sencillo mojarse, como la lucha contra el cambio climático o la igualdad, el asunto se complica cuando llevamos el debate a inclinaciones políticas.

La creciente polarización ideológica aumenta el deseo del consumidor de saber si las marcas que compramos están alineadas con nuestra forma de pensar y con nuestros valores. La idea de ‘votar con la cartera’ está en expansión pero, ¿hasta dónde debe llegar el compromiso político de las marcas?

¿Por qué las marcas deberían mojarse y tomar partido?

Cada vez que consumimos, votamos.

Hubo una época en la que precio, calidad, accesibilidad… eran los únicos drivers para decantarnos por una marca. Hoy en día, los valores de las compañías se convierten también en criterios de decisión. De alguna forma, “premiamos y castigamos” a las marcas en función de su comportamiento. Una tendencia todavía más acuciante entre los más jóvenes. Esto ya no va de palabras bonitas en el ‘Quiénes somos’ de la web sino que, cada vez más, exigimos a las marcas que hagan realidad esos valores que proclaman tomando partido en los asuntos importantes. No se trata de ser más valiente, o más activista, sino de estar en el mundo y ocuparse de las preocupaciones de los usuarios.

Porque, como solemos decir, las marcas son como las personas y las personas no solo creen en algo, también sienten, se posicionan, y actúan en consecuencia. O al menos así debería ser.

¿Qué puede hacer el diseño por el clima?

Todo está diseñado, desde un juguete hasta una bomba.

El cambio climático es uno de los grandes retos para el sector del diseño que tiene, en sus distintas versiones, la llave para un mundo más creativo, más sostenible, y más consciente e informado. Aunque vamos tarde, ya hay marcas que están cambiando las cosas. Es el caso de Estrella Damm, que el año pasado eliminó el plástico en sus envases, pero también el de un sinfín de startups que surgen con un planteamiento de consumo más sostenible (plataformas de segunda mano, menstruación ecológica, …).

Cada decisión durante el proceso de diseño es determinante, pero es quizá en la divulgación del problema y sus soluciones, donde la comunidad del diseño debería enfocarse. Contamos con una herramienta muy poderosa para convencer pero sobre todo para ayudar a la gente a despertar.
¿Empezamos ahora mismo?

¿Puede el diseño salvarte la vida?

Un buen diseño puede ser decisivo.

En un mundo hipersaturado de impactos donde tan sólo procesamos un pequeño porcentaje de los mensajes que recibimos, un buen diseño puede marcar la diferencia. Hace unos días veíamos como las infografías interactivas de un artículo, explicando cómo se contagia la COVID en distintos espacios y situaciones, se volvían virales. Y cada vez son más los medios que apuestan por las infografías para captar la atención de su audiencia y hacer trascender su contenido.

La realidad es que somos más permeables a lo que vemos que a lo que leemos; lo visual conecta con nuestro plano emocional y se fija mejor. Aprovechar al máximo las herramientas que nos da el diseño es clave para afrontar el reto de exponer realidades complejas y aportar credibilidad. Un aspecto vital cuando tratamos temas tan cruciales como la salud, la seguridad o la educación.

¿Ha sido la pandemia el último empujón que le faltaba a las marcas para unirse a la green revolution?

Un parón para revisar las prioridades.

La pandemia nos ha obligado a detenernos, a valorar lo realmente importante en nuestra vida. Y las marcas no han escapado a este fenómeno: han tenido también que hacer un alto en el camino y reflexionar. El sector de la moda, por ejemplo, ha visto cómo su negocio se ralentizaba justo en el momento que voces relevantes del sector cuestionaban la necesidad de tener una rotación tan exigente y con tantas colecciones en un sólo año. Otras marcas nos piden que no compremos en el Black Friday, o nos instan a reutilizar, incluso reparar, lo que ya tenemos para alargar su vida útil.

Existe ya cierta sensación colectiva de que debemos replantearnos la forma en que consumimos. Necesitamos que nuestra forma de vida y nuestros valores sean coherentes entre sí. Las marcas que nos lo pongan fácil y se alineen con nuestras nuevas prioridades, saldrán reforzadas.