Knom &. Unos minutos con Macarena López-Cordón

Macarena López-Cordón es la Directora General de la Asociación entre Mujeres y Soulem, un proyecto social de ayuda a mujeres supervivientes a la violencia en todas sus formas. Junto a ella realizamos un proyecto de identidad para dotar a la asociación de una imagen acorde con su labor que la hiciera llegar mejor a un mayor número de personas.

Knom &. Unos minutos con Blanca Marín

Blanca Marín Riaño, como Directora de Marketing y Comunicación de Universidad Villanueva, fue la responsable, junto a Knom, de la creación de la nueva marca de la Universidad. Un proyecto de gran calado estratégico que la posicionó en el panorama formativo de primer nivel. Territorio, personalidad, plataforma estratégica, tono de voz, concreción de una metodología propia e identidad visual fueron algunos de los puntos clave que trabajamos para la Universidad y su ecosistema de marcas.

Knom &. Unos minutos con Pablo Guinot


Pablo Guinot es CEO de REMO Mobility, la startup de puntos de recarga para vehículos sostenibles nacida en 2019 con el objetivo de posicionarse como el futuro de la movilidad. Un proyecto para el que trabajamos desde sus comienzos, lo que nos permitió definir juntos aspectos tan cruciales como la visión, los valores de marca o los principales públicos objetivo.

¿Hay escapatoria para las marcas en Black Friday?

Frente al consumo compulsivo, concienciación y didáctica.

Esta última edición del Black Friday también ha estado marcada por la pandemia. Aunque no todos, son muchos los consumidores que, frente al retraso de los envíos y a la temida escasez de artículos, han dejado a un lado su conciencia ambiental y corrido a por descuentos que hicieran algo más liviana la factura del día de Reyes.

Por eso mismo, resulta difícil para algunas marcas no subirse al carro de este día de rebajas y promociones que año tras año rompe cifras de ventas y da el pistoletazo de salida a la campaña de Navidad.

Sin embargo, es precisamente en días como el Black Friday cuando las marcas deben ser valientes y aprovechar la oportunidad para reafirmar sus valores y posicionarse con firmeza en la mente de sus consumidores.

De hecho, cada vez son más las iniciativas que surgen en este sentido bajo denominaciones como el ‘Green Friday’, que fomenta la economía circular desde el mercado de segunda mano; el ‘Buy Nothing Day’, que llama a dejar de consumir durante 24 horas; o el ‘Giving Tuesday’, que promueve la solidaridad y la generosidad sólo un día después del ‘Cyber Monday’.

Pero, más allá de crear alternativas ‘anti Black Friday’, este movimiento trata de abogar por un consumo consciente, donde el driver no es ‘la ganga’ ni el ‘tiempo limitado’ sino el convencimiento de que es ese el producto o la marca que más encaja con las necesidades de cada cliente.

Un consumo más comedido y más justo donde aspectos como lo local, el pequeño comercio y las condiciones de los trabajadores, entre otros, entran en juego frente al exceso.

¿Por qué todas las marcas deberían ser inclusivas?

El diseño inclusivo elimina barreras y pone de verdad al consumidor en el centro de su estrategia.

Las marcas están viviendo una evolución en términos de diversidad, inclusión y feminismo, dando por fin un paso al frente y apostando por dar espacios a colectivos que antes estaban infrarrepresentados.

Vemos cómo la diversidad está más presente en la comunicación de las marcas pero también en el diseño de sus productos. Ideas que parecían nichos de mercado se abren camino afrontando necesidades que aunque siempre han estado, antes se escapaban bien por ser temas tabú bien por no encajar con los cánones de belleza y los cuerpos normativos del momento.

Una nueva perspectiva que, por ejemplo respecto a la diversidad de origen, se traduce en innovaciones de producto que van desde gorros de natación para cabello afroamericano hasta maquillaje especialmente diseñado para los tonos de piel del sur de Asia.

En la misma línea, asistimos al auge de los productos neutros y no-binarios que poco a poco van diluyendo la barrera entre géneros. Un fenómeno que alcanza no sólo a la industria de la moda sino también a otras como la cosmética, tradicionalmente restringida al público femenino.

Y es que, en un momento en el que la tendencia es la autenticidad, los consumidores esperan marcas que les apoyen tal y como son.

¿Por qué las marcas son agentes de cambio social?

Las marcas impactan en el imaginario colectivo.

Es innegable la influencia que ejercen las grandes marcas sobre nuestra forma de pensar y de comportarnos.

Desde que existe la sociedad de consumo las marcas, con su comunicación y sus acciones, han contribuido a modificar percepciones, a normalizar realidades y a fomentar el progreso social en numerosas ocasiones. Hablamos de la incorporación de la mujer al mercado laboral, del matrimonio homosexual, de la urgencia de actuar contra el cambio climático, etc.

Porque las marcas ponen en la palestra productos pero también valores y estilos de vida. Aunque son los consumidores quienes empujan a las marcas a abrazar el cambio, son estas quienes levantan el altavoz y ponen en juego sus recursos.

Las marcas son un fiel reflejo de las sociedades en las que viven y lo que buscan, a fin de cuentas, es que los consumidores se identifiquen con ellas. Se trata de una evolución natural, casi un círculo virtuoso, con marcas más y menos valientes a la hora de poner en marcha acciones y de unirse a la conversación.

Su componente aspiracional motiva y empodera para cambiar las cosas. Aunque sea en pro del consumismo, las marcas nos ‘venden’ que todo está al alcance de cualquiera, vengas de donde vengas. Y eso tiene un gran poder movilizador.

Rompen tabúes, muestran sociedades abiertas, exhiben nuestra mejor cara y, en definitiva, nos dicen que el cambio es posible. Convirtiéndose, en cierta forma, en un motor de evolución social.

¿Debemos entender las ciudades como marcas?

La marca-ciudad como herramienta para construir un proyecto que conecte con los de dentro y atraiga a los de fuera.

Abordar las ciudades como marcas nos ayuda a repensarlas y a generar un proyecto de ciudad para el futuro. A establecer un paraguas que les dé coherencia, que respete el imaginario colectivo, pero que consiga llevarlo un paso más allá. Generando sentimiento de comunidad y orgullo de pertenencia a través de una narrativa que atraiga a visitantes y capital exterior, al mismo tiempo que es amable con sus vecinos.

En un contexto tan interconectado y exigente, hoy las ciudades compiten ferozmente entre sí por el talento, el turismo y la inversión. Y aunque uno de sus objetivos es sin duda impulsar la competitividad, es importante no dejar de lado a las audiencias internas. Esto significa competir también en calidad de vida y poner a las personas en el centro de todo.

Porque al fin y al cabo son las personas las que crean prosperidad, las que inician negocios, las que invierten y las que aportan talento. De ahí que cada vez sean más las ciudades que promuevan iniciativas participativas que involucran a la ciudadanía en los procesos de transformación y gestión.

El reto está en construir una narrativa que realmente refleje la idiosincrasia del lugar, una historia que los residentes sientan como propia. La marca-ciudad ha de vertebrar no sólo la comunicación de cara al exterior sino el día a día de la ciudad y su relación con los ciudadanos.

Y es que, aunque su público sea mucho más transversal y heterogéneo las ciudades, como las marcas, deben cuidar sus valores y tener una posición clara respecto a los grandes temas como la sostenibilidad o la salud. Y, de la misma forma, deben saber qué ciudad son hoy y cuál quieren ser mañana. Definir un propósito que les guíe a largo plazo y les ayude a ser la ciudad que sus ciudadanos demandan.

Porque una marca-ciudad, más que un sistema visual bonito y colorido que lucir en banderolas y comunicaciones, debería posicionar a la ciudad y servirle de palanca hacia el futuro.

¿Por qué es importante el buen diseño en ‘lo público’?

La Administración debe servir a la ciudadanía en fondo y forma.

Si el diseño y la buena comunicación son herramientas efectivas, y más que extendidas, en el entorno empresarial, ¿por qué no se utilizan también en el sector público?

Sólo hay que observar las polémicas que se dan cada vez que algo público se rediseña, con mejor o peor acierto, para darse cuenta de que son muchos los que consideran el diseño como algo meramente estético. Un elemento artístico y accesorio para el que no se debería destinar dinero público.

Frente a esa percepción, hay que explicar que el diseño es mucho más y que, bien utilizado, es una herramienta muy potente para una administración que además de gestionar debe saber comunicar eficazmente tanto lo que hace como las consecuencias que su gestión tiene sobre la gente.

Porque un buen diseño va más allá de dar con una pieza bonita y creativa. Un buen diseño impacta al público al que se dirige aumentado la eficacia de la comunicación. Un buen diseño modula el tono y el lenguaje facilitando la comprensión y conectando emocionalmente. Un buen diseño hace que los trámites sean intuitivos y accesibles para todos los colectivos más allá de su nivel sociocultural. En definitiva, un buen diseño reduce la distancia entre ciudadanía y administración.

Porque, tal y como afirma Louise Downe, la antigua Directora de Diseño del Gobierno de Reino Unido, el ciudadano es un usuario y no un cliente y, a diferencia de éste, al ciudadano no le queda otra que lidiar día tras día con los servicios gubernamentales.

Por eso, resulta imprescindible un rediseño de la Administración que, de una vez por todas, acerque la gestión pública a la calle, facilite la realización de los trámites burocráticos, alimente la participación política y, por encima de todo, empodere al ciudadano.

¿Qué pueden hacer las marcas por el feminismo?

Construir el modelo de sociedad en el que queremos vivir.

Las marcas son un reflejo de la realidad social en la que vivimos pero también son un motor de cambio. La publicidad, el branding y la comunicación tienen un rol importantísimo a la hora de normalizar e implantar los cambios sociales que emergen en nuestras sociedades.

Aunque detrás de esto siempre hay cierto interés comercial, no podemos subestimar el poder y la influencia de las marcas sobre el conjunto de la población, tanto a la hora de reforzar estereotipos como a la hora de romperlos.

Las marcas y los productos forman parte de nuestro día a día y por eso es tan urgente que, como consultores, diseñadores y comunicadores, aprendamos a identificar los sesgos que existen en el sistema y tratemos de corregirlos. Ser conscientes de cuestiones como que la mayoría de los asistentes de voz son mujeres, o que la ergonomía de los automóviles está pensada para la comodidad y seguridad del cuerpo masculino es el primer paso para replantearnos qué debemos rediseñar para tener el tipo de sociedad que queremos.

Porque si bien hay un sector de marcas que sólo busca subirse al carro de un movimiento de masas muy rentable a través de pequeños gestos meramente estéticos y oportunistas, también encontramos ejemplos de marcas realmente comprometidas que entienden que la relevancia y el impacto real pasan por actuar.

Una acción que puede materializarse de distintas maneras: desde la actitud, empoderando a las mujeres; desde la información, dándoles visibilidad y herramientas; pero sobre todo desde el diseño, incluyéndolas en la toma de decisiones.

Porque aunque está muy bien vernos protagonizar spots y anuncios igualitarios, está mucho mejor vernos dirigiendo esas campañas, presidiendo compañías, siendo referentes.

Porque el presente que diseñamos da forma al futuro que seremos.