¿Cuáles son los límites de la elasticidad y flexibilidad de marca?

No es tan sencillo arrastrar el equity de una marca a otra.

El tequila de 250 dólares de Tesla ha reabierto el debate, polarizando a los profesionales del sector. Con un manual de branding en la mano, este tequila nunca funcionaría bajo la marca Tesla: se consideraría poco estratégico, en una órbita demasiado alejada de la marca madre y su actividad o posicionamiento. Pero, ¿y si se trata justo de mostrar que Tesla es capaz de hacer cualquier cosa que se proponga? ¿Basta con la confianza de marca para trascender a otro sector? ¿Es un desperdicio de recursos? ¿O algo que sólo pueden permitirse las marcas icónicas?

Aunque está claro que una marca bien construida lo tiene más fácil para ampliar el foco de negocio, debemos ir con cuidado, evitando caer en el oportunismo, poner en riesgo la confianza construida o perder el foco al intentar abordar escenarios en los que no somos expertos. Dicho esto, ¿quién no pasaría una noche en el hotel de Apple?

¿Por qué las marcas deberían mojarse y tomar partido?

Cada vez que consumimos, votamos.

Hubo una época en la que precio, calidad, accesibilidad… eran los únicos drivers para decantarnos por una marca. Hoy en día, los valores de las compañías se convierten también en criterios de decisión. De alguna forma, “premiamos y castigamos” a las marcas en función de su comportamiento. Una tendencia todavía más acuciante entre los más jóvenes. Esto ya no va de palabras bonitas en el ‘Quiénes somos’ de la web sino que, cada vez más, exigimos a las marcas que hagan realidad esos valores que proclaman tomando partido en los asuntos importantes. No se trata de ser más valiente, o más activista, sino de estar en el mundo y ocuparse de las preocupaciones de los usuarios.

Porque, como solemos decir, las marcas son como las personas y las personas no solo creen en algo, también sienten, se posicionan, y actúan en consecuencia. O al menos así debería ser.

¿Por qué este Black Friday será más negro?

Un año marcado por la incertidumbre.

El Black Friday cada día es más ‘black’ y menos ‘friday’. Otros años, son muchas las personas que aprovechan a comprar los regalos navideños en este día tan señalado pero, hoy por hoy, nadie sabe cómo van a ser las fiestas.

El día consumista por excelencia enfrenta a las marcas en torno a dos posturas. Por un lado, encontramos las firmas que convierten el Black Friday en Black Weeko incluso en Black Month. Por otro, asistimos a una oleada de marcas responsables que, o bien reinterpretan este día desde la sostenibilidad, o bien lo “boicotean” animando a los compradores al no consumo. Además, este año crecen las campañasque nos alientan a que favorezcamos el consumo local, de barrio, en un momento en el que el pequeño comercio está viviendo enormes dificultades.

¿Por qué la honestidad de marca se queda corta en la era de las fake news?

Ya no es suficiente con “no mentir”.

Hoy en día, las marcas tienen que apostar por la transparencia radical. No hay más que fijarse en el caso de Everlane, la firma de moda sostenible que ha revolucionado el sector textil, y que muestra en su web exactamente lo que le cuesta cada parte del proceso (materiales, mano de obra, transporte, etc.). La transparencia radical consiste justo en eso, en mostrar lo que ocurre “entre bambalinas”.

Frente a un consumidor descreído, que siente que le engañan constantemente y que ya no puede confiar ni siquiera en las fuentes, debemos hacer mucho más visible lo que hay tras nuestros procesos productivos (operaciones, trazabilidad, filosofía, garantías de seguridad y salud…). La transparencia radical es mucho más que una tendencia o una moda pasajera, y tiene el poder de revolucionar los procesos internos y externos de las compañías.

Hábitos de consumo. ¿El cambio será permanente?

Es difícil predecirlo con seguridad.

Sabemos que las personas se sienten inseguras y preocupadas. El optimismo escasea. Y el consumidor necesita que las marcas se lo tomen en serio. El gasto se ha reducido en prácticamente todas las categorías. Y cobra fuerza el comercio local frente a las grandes corporaciones.Una oportunidad para los “pequeños” que sean capaces de aprovechar su tamaño para reaccionar de forma ágil. Por otro lado, la “virtualización” de la vida social y comercial, en detrimento de las experiencias físicas, elevará las expectativas del ecommerce hasta niveles no vistos hasta ahora.

Éstas son solo algunas pinceladas de lo que definirá esta nueva etapa, pero sigue habiendo muchos interrogantes abiertos.Y las marcas no deberían esperar a que surja una imagen completamente clara del futuro para preguntarse: “¿está mi marca preparada para cumplir con estas nuevas expectativas?”