¿Dónde acaba la persona y empieza la marca?

Una marca es mucho más que la persona que la dirige.

Amancio Ortega y Zara, Richard Branson y Virgin, Elon Musk y Tesla… Son muchos los ejemplos de marcas en las que se mezcla la imagen del CEO con la de la propia marca. Hace unos días conocíamos que Jeff Bezos decidía hacerse a un lado y no continuar siendo el CEO de Amazon, justo cuando la compañía alcanzaba su pico de facturación.

Un movimiento que quizás se deba a un deseo de evolución de la marca, o que a lo mejor sólo pretende desvincular la marca Bezos de la marca Amazon. Porque no cabe duda de la fragilidad que supone para una marca depender de la imagen de una sola persona, por ligada que esta esté a la compañía (recordemos cómo cayeron las acciones de Apple cuando enfermó Steve Jobs).

Desde luego, la existencia de un genio visionario hecho a sí mismo crea un mito alrededor de la compañía que la humaniza, hace sus valores más creíbles, y genera un halo aspiracional del que todos quieren formar parte. Pero pensando a largo plazo, atarse a un personaje (por magnético que éste sea) ¿hasta qué punto es una estrategia recomendable para una marca? ¿Y si está estrategia se construye de abajo arriba- desde los empleados – y no desde el líder?

Porque, sin entrar en polémicas, ¿seguirá valiendo lo mismo la marca Barça cuando ya no esté Messi?

¿Por qué una palabra hablada vale más que mil palabras?

La voz acerca y transmite verdad.

La encontramos en el sector del entretenimiento con los podcast, en las redes sociales con las notas y los tuits de audio, y en la experiencia de usuario con los asistentes de voz como Siri o Alexa. Vivimos una época dulce para el formato sonoro que, lejos de tocar techo, continúa creciendo.

Pero, ¿qué relación tiene esto con las marcas? Todo indica que mucho. La compra a través de dispositivos y asistentes de voz es una de las claves a futuro del comercio electrónico. Mientras tanto, surgen servicios como el Brand Voice de Amazon Polly que ofrece a las empresas crear una voz personalizada y única con la que interactuar con sus usuarios. Porque de la misma forma que diseñamos su identidad visual, quizás es hora de plantearnos cómo es la voz de nuestra marca: si es grave o aguda, si es joven o adulta, si tiene acento, si habla rápido o si transmite calma.

En un contexto en el que la cercanía y la autenticidad son valores al alza, la voz es un recurso a explotar, y la UX de audio un campo a explorar para las marcas más experienciales.

¿Puede una marca ser 100% sostenible?

Primero hacer, después decir

Tendencias y consumidores están empujando a las marcas a crear modelos empresariales sostenibles, que persigan una huella de carbón cero.

Está más que demostrado que  la cultura de lo desechable no se puede sostener y las marcas no pueden mirar hacia otro lado: deben dar pasos firmes hacia innovaciones de producto que aprovechen al máximo los recursos.

En este sentido, hace unos días veíamos el lanzamiento del primer desodorante recargable. Una apuesta valiente por la sostenibilidad que se aleja de las pequeñas iniciativas y gestos greenwashing, y se lanza a reestructurar su negocio con el planeta en mente.

Porque construir una marca verdaderamente sostenible trastoca absolutamente todos los puntos del negocio (materiales, transporte, empleados, proveedores, etc.) y eso implica un gran esfuerzo tanto económico y logístico, como de comunicación. Porque si no comunicamos con transparencia los nuevos procesos, los consumidores no podrán valorar el compromiso real de la marca.

¿Por qué tantas marcas tecnológicas se apoyan en la ilustración?

La tecnología necesita de la poesía para emocionar.

No sólo Google, también Shopify, Mailchimp o Dropbox… Cada día son más las startups y tecnológicas que apuestan por desarrollar su propio sistema de ilustración de marca para conectar mejor con sus usuarios.

Ya sea con el objetivo de simplificar ideas, humanizar productos digitales, diferenciarse de la competencia, o generar reconocimiento de marca, la ilustración es una herramienta de comunicación vital para las marcas tecnológicas de hoy.

Atrás quedan los iconos literales y se abre paso una ilustración de marca más libre y expresiva que, al igual que las palabras, nos ayuda a modular nuestra personalidad de marca en función de nuestro propósito y nuestra audiencia. Ahora las ilustraciones son mucho más sofisticadas y ya no se limitan a traducir las complejas innovaciones del ingeniero en beneficios para el usuario, sino que conforman todo un lenguaje de marca que transmite nuestra historia de una forma más cercana.

¿Deben las marcas posicionarse políticamente?

El brand love se alcanza arriesgando.

Tras el asalto al Capitolio, algunas redes sociales han silenciado a Trump y otras muchas marcas como FedEx, Hilton, Mastercard o Microsoft, han roto lazos con el discurso del todavía presidente.

Frente a un público más activo y concienciado, y sabedor de su poder e influencia, emergen las llamadas ‘marcas activistas’ que, comprometidas con sus principios y valores como compañía, dedican tiempo y esfuerzo a luchar por las causas que consideran justas.

Si bien hay asuntos con un cierto consenso global y en los que resulta más sencillo mojarse, como la lucha contra el cambio climático o la igualdad, el asunto se complica cuando llevamos el debate a inclinaciones políticas.

La creciente polarización ideológica aumenta el deseo del consumidor de saber si las marcas que compramos están alineadas con nuestra forma de pensar y con nuestros valores. La idea de ‘votar con la cartera’ está en expansión pero, ¿hasta dónde debe llegar el compromiso político de las marcas?

¿Qué les espera a las marcas en 2021?

En un año en el que lo más buscado en Google ha sido «¿Por qué?» nos gustaría cerrar diciembre reduciendo un poco la incertidumbre de cara a 2021 (al menos en términos de branding).

Por eso, os compartimos alguna de las tendencias en las que coinciden gran parte de las principales consultoras y blogs de branding, y aprovechamos para agradecerles que estén siempre ojo avizor a lo que deparará a nuestro sector en el futuro.

El propósito seguirá siendo el faro de las marcas

Más allá del qué, el por qué existe una marca seguirá estando en el centro de la estrategia. Un propósito de marca matizado por el cómo. Estamos en un momento en el que el consumidor ha tomado consciencia del impacto que tiene su elección de consumo para la sociedad, y al que cada vez más le importan los procesos, las procedencias, los trazados, etc. Este año más que nunca, las marcas han de combinar beneficio con impacto social.

Habrá una mayor conciencia ecológica

Como las personas, las marcas cada vez son más conscientes del daño que han causado al medio ambiente nuestros excesos consumistas del pasado. Por eso, este año seguiremos acudiendo a un auge de marcas vinculadas al ‘Movimiento por el clima’ y que pretenden ayudar al consumidor a transitar hacia un estilo de vida más ético y respetuoso.

Los procesos y el backstage de las marcas serán más abiertos

Muy relacionada con los dos puntos anteriores es la tendencia de las marcas hacia la transparencia, la honestidad y la participación. Eliminar la distancia entre lo que decimos y hacemos tiene mucho que ver con utilizar códigos de comunicación más transparentes, pero también con involucrar más a nuestro público en nuestra propia estrategia de marca.

Lo experiencial será la prioridad

En un año marcado por el distanciamiento social, el componente físico y humano ha aumentado exponencialmente su valor. Dentro de lo que se pueda, iremos volviendo a los puntos de venta físicos, donde las marcas buscarán recuperar el lado más sensorial y tangible de su producto. Al mismo tiempo surgirán eventos virtuales que imiten cada vez más la experiencia presencial.

La empatía como valor central

Durante los últimos meses hemos visto cómo, pese a todo, la tecnología no ha sido suficiente para compensar las interacciones en persona. Sin embargo, las marcas que han escuchado y empatizado con nuestros problemas, haciendo lo posible para ayudarnos, han salido reforzadas. En los próximos años, las marcas se irán humanizando todavía más y se alejarán de los rígidos manuales de marca que conocemos.

¿Qué pueden aprender las marcas del fenómeno Ibai?

Queremos naturalidad, relaciones horizontales y menos postureo.

Cada vez conectamos más con una versión «live» de las cosas, en la que la autenticidad y la experiencia real desbancan a las marcas retocadas y perfectas que ya no se cree nadie.

Para muestra, las campanadas de 2020 donde Ibai Llanos reunió en Twitch a medio millón de espectadores en su pico de audiencia. Una plataforma de streaming que nació a los albores del mundo gamer y que debe su éxito a una combinación entre autenticidad y sentimiento de comunidad, logrado a través de un contenido sin filtros ni guiones que nos da la posibilidad de interactuar entre espectador y transmisor.

La hazaña de Ibai es sólo un ejemplo que pone de manifiesto las nuevas relaciones de las generaciones más jóvenes con marcas, prescriptores y medios. Un cambio de paradigma al que las marcas deben prestar atención y reaccionar a tiempo para no perder relevancia.

El diseño que viene, ¿multidisciplinar o especializado?

La combinación de perfiles enriquece los proyectos y estimula los equipos.

A medida que el campo de la comunicación visual se ha expandido también se han difuminando los límites del diseño, abarcando cada vez más disciplinas y formatos. Esto nos ha obligado a añadirle un apellido a la profesión, surgiendo el diseñador editorial, el de producto, el de UX, y una interminable lista de especializaciones. Una concreción necesaria que seguro va a ir a más, pero que convive con las demandas de un mercado que continúa reclamando la figura del diseñador “todoterreno”.

En un contexto tan cambiante y exigente conformar equipos ad hoc, en los que diseñadores multidisciplinares trabajen junto a especialistas, es sin duda la manera de marcar la diferencia, no sólo en la respuesta que se le da al cliente sino también en el resultado del trabajo y en la forma en que este llega a la audiencia.

¿Cómo ganarse al consumidor desde la palma de su mano?

Conectando desde el móvil.

La semana pasada leíamos un estudio que afirmaba que las marcas que forman parte del ecosistema de nuestro smartphone suelen superar con creces al resto de marcas y que esta tendencia no ha hecho sino fortalecerse durante la pandemia. Además, son precisamente estas marcas, en concreto las que fabrican smartphones y las que los proveen de contenido e información, las que mejor conectan a nivel emocional con los usuarios. 

Tener la posibilidad de estar en la palma de la mano del consumidor, cuyo consumo móvil alcanza las casi 4 horas de media en España, es sin duda un privilegio que no podemos desaprovechar. Las marcas que durante este año han sabido acompañar, entretener y conectar al usuario con otras personas han conseguido ese brand love tan deseado.

Y es que, construir experiencias móviles perfectas y diferenciales es la forma más directa de lograr el compromiso del usuario con nuestra marca.

¿Cuáles son los límites de la elasticidad y flexibilidad de marca?

No es tan sencillo arrastrar el equity de una marca a otra.

El tequila de 250 dólares de Tesla ha reabierto el debate, polarizando a los profesionales del sector. Con un manual de branding en la mano, este tequila nunca funcionaría bajo la marca Tesla: se consideraría poco estratégico, en una órbita demasiado alejada de la marca madre y su actividad o posicionamiento. Pero, ¿y si se trata justo de mostrar que Tesla es capaz de hacer cualquier cosa que se proponga? ¿Basta con la confianza de marca para trascender a otro sector? ¿Es un desperdicio de recursos? ¿O algo que sólo pueden permitirse las marcas icónicas?

Aunque está claro que una marca bien construida lo tiene más fácil para ampliar el foco de negocio, debemos ir con cuidado, evitando caer en el oportunismo, poner en riesgo la confianza construida o perder el foco al intentar abordar escenarios en los que no somos expertos. Dicho esto, ¿quién no pasaría una noche en el hotel de Apple?