Hoy las marcas fuertes son también comunidades fuertes.
Como veíamos a principios de año en las tendencias para 2022, en estos tiempos más que nunca se anhela la comunidad, la comunicación interpersonal, los lazos.
Y en este sentido las marcas, como sucede con los grupos sociales, aportan confianza, certidumbre, seguridad… Atributos todos ellos muy deseados en un contexto tan voluble como el que vivimos.
Pero, para formar ese vínculo desde la marca, se debe escuchar realmente al usuario. Las marcas de hoy tienen que ir más allá de la promesa al cliente y centrarse en la experiencia del consumidor, dejándole aportar y convirtiéndolo de alguna manera en copropietario de la marca.
No se trata de crear una marca autogestionada por los usuarios pero sí una muy participativa, donde la interacción sea un pilar importante y en la que el consumidor se sienta parte relevante.
Las marcas deben abandonar el viejo enfoque meramente transaccional y generar valor más allá del producto.
Deben crear significados pero también sentimiento de pertenencia.
Al fin y al cabo, las marcas ya son comunidades. Grupos que, de una u otra forma, reúnen a las personas en torno a un interés común, a un estilo de vida, a un deseo de estatus…